Somos cultura comunitaria,

somos poder ciudadano

Sería fundamental que la UE desarrollara y fomentara políticas públicas centradas en las personas y con un enfoque en derechos humanos, desde los beneficios de la transversalidad de la cultura, de una manera más sostenible y firme, dando así un paso más en las ya existentes herramientas (Asylum migration and integration fund, Citizens, Equality, Rights and Values Programme) y marcos normativos europeos (New Agenda for Culture, European Work plan for culture 2019-2022, European Green Deal). Asimismo, sentimos la urgencia de la mejora y la adaptación en la implementación de mecanismos dirigidos a proyectos que introducen prácticas colectivas y que aseguran la participación real, activa y directa, facilitando la gobernanza ciudadana para atender las necesidades reales de poblaciones diversas y que visibilicen otros saberes y prácticas enraizadas en los territorios, otros modelos de gestión de los bienes comunes.

Es urgente rediseñar y repensar otros modos de hacer, así como políticas que apoyen de manera integral el desarrollo de ecosistemas de cultura comunitaria para elaborar proyectos transversales, en terreno, con poblaciones marginadas y vulnerables. En una Europa mejor, consideramos prioritario que se diseñen políticas públicas que enlacen, por ejemplo, la economía social y solidaria, u otros ámbitos de intervención social, con partidas presupuestarias propias (y consecuentes) para la cultura comunitaria. Desde el “saber hacer” en terreno de la cultura comunitaria sería muy positivo fomentar espacios a nivel europeo y nacional de formación (por ejemplo, con mediadores e instituciones culturales) y de diálogo en los que nosotros, agentes, pudiéramos dialogar como agentes activos, con decisores políticos, administración pública y con las instituciones europeas de una manera más directa y horizontal. En este sentido esperamos que iniciativas como la CoFoE tengan una continuidad e impacto real para la ciudadanía y que el debate se mantenga vivo y activo en el tiempo.

Sería también primordial adaptar las modalidades de convocatorias y subvenciones europeas (Creative Europe programme, Erasmus + programme, Horizon Europe, CERV, INTERREG) que permitan pasar de modelos que fomentan resultados a corto plazo (y favorecen un producto final reduciendo la cultura a un bien de consumo mercantilizado cuyos recursos son repartidos entre grandes empresas culturales) hacia visiones más a largo plazo en los que se dé cabida a la soberanía cultural, que insistan en procesos de creación colectiva, que partan de las necesidades de las comunidades con el fin de generar proyectos vitales con impactos reales y duraderos, facilitando la formación de redes y la vertebración entre agentes diversos. Además, sobresale la dificultad para muchas entidades de cumplir los requisitos financieros exigidos, así como las barreras lingüísticas en la formulación y ejecución de los proyectos.

Europa debe contribuir a asegurar la dignidad y el bienestar de las personas y de los agentes en el ecosistema de cultura comunitaria, poniendo en el centro la vida de las personas y unas condiciones materiales justas y saludables. De manera práctica, se podría plantear una renta básica a nivel europeo que garantice un mínimo de condiciones de vida digna. Eso permitiría a los agentes culturales desarrollar proyectos conectando territorios y culturas, responder al reto de la España vaciada, de la brecha con el rural, implantando una pedagogía de lo común con sus prácticas colaborativas, facilitando y compartiendo aprendizajes y también abriendo caminos de experimentación en comunidades locales para impulsar una ruptura con lógicas de explotación, precariedad y marginación.